jueves, noviembre 06, 2008

Testosterone for Low Libido in Postmenopausal Women Not Taking Estrogen

Aunque el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH) en mujeres no ha sido un motivo de consulta frecuente en endocrinología tradicionalmente, en los últimos meses 4 ó 5 pacientes han acudido a mi consulta por este motivo (todas en edad fértil). En todos los casos se planteó la posibilidad de tratamiento con parches de testosterona, pero ninguna de ellas optó por éste, supongo que porque yo no estoy muy convencido y así lo expresé en la consulta: la ausencia de estudios sobre su efectividad en mujeres premenopáusicas y especialmente la ausencia de estudios de seguridad a largo plazo sobre el riesgo de presentar cáncer de mama son las razones fundamentales. Hoy se han publicado en el New England Journal of Medicine los resultados del estudio APHRODITE: los autores aleatorizan a 814 pacientes postmenopáusicas a recibir placebo (277), 300 mcg/día (270) o 150 mcg/día de testosterona transdérmica (267). Los parches empleados (Intrinsa) están comercializados en España para el tratamiento del TDSH en pacientes histerectomizadas y ooforectomizadas en tratamiento sustitutivo con estrógenos. Tras 24 semanas de tratamiento las pacientes con 300 mcg/día presentaron un aumento significativamente mayor que el grupo placebo en el número de relaciones sexuales mensuales satisfactorias (+2.1 vs +0.7, p <0.001) que no se evidenció en el grupo de 150 mcg/día (+1.2 vs +0.7, p 0.11). Estos cambios mostraron correlación estadísticamente significativa con los niveles de testosterona libre (coef Spearman 0.26, p <0.001). Ambas dosis (300 y 150 mcg/día) se acompañaron de un aumento en el deseo sexual (p <0.001 para 300 y p 0.04 para 150) y una disminución en la ansiedad/aflicción (distress) relacionada con la actividad sexual (p <0.001 para 300 y p 0.04 para 150). La dosis de 300 mcg/día mostró beneficios adicionales en otros aspectos de la función sexual (ver imagen).

305 pacientes abandonaron el estudio por razones diversas (141 por efectos adversos, 154 de forma voluntaria) pero no hubo diferencias en el número de abandonos entre los grupos (el grupo placebo presentó más pero la diferencia no fue significativa). El número de efectos adversos androgénicos fue superior en el grupo de 300 mcg/día que en el grupo placebo (30.0% vs 23.1%, p no mostrada) fundamentalemente a expensas de incremento de vello (19.9% vs 10.5%, p <0.05) generalmente leve (86.3%). 4 pacientes (1 con 150 y 3 con 300 mcg/día) presentaron clitoromegalia leve que se resolvió espontáneamente en la paciente en tratamiento con 150 mcg. El 10,6% de las mujeres no histerectomizadas que recibieron 300 mcg/día presentó sangrado vaginal generalmente leve frente al 2.6% (grupo placebo) y 2.7% (150 mcg/día). Todas fueron estudiadas y se objetivó proliferación endometrial en 2 pero ningún caso de hiperplasia o adenocarcinoma. 589 pacientes (72%) completaron 52 semanas de tratamiento o bien acudieron a revisión en la visita de la semana 52 a pesar de haber abandonado el tratamiento previamente; y de ellas 179 mujeres continuaron con el tratamiento asignado 52 semanas más (total: 104). Probablemente este número de pacientes y este seguimiento no son suficientes para establecer con garantías la ausencia de un riesgo incrementado de cáncer de mama en los grupos tratados, una de las mayores preocupaciones respecto al tratamiento. En todo caso, 4 mujeres (3 en las primeras 52 semanas, 1 posteriormente) en tratamiento con testosterona (3 con 300, 1 con 150 mcg/día) fueron diagnosticadas de cáncer frente a ninguna en el grupo placebo. Aunque el número de casos es muy pequeño para permitir un análisis estadístico fiable y los autores precisan que alguna de las pacientes ya tenía síntomas sugestivos antes de entrar en el estudio, estos resultados no me dejan tranquilo. Yo seguiré sin prescribir testosterona transdérmica en mujeres con TDSH hasta que este punto se aclare en estudios a más largo plazo.


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